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ADULTERIO. PARTE 2: LA MALDICIÓN DE ADÁN Y EVA (ESTUDIO)
Guerra Espiritual - Estudio Nº 80

ADULTERIO. PARTE 2: LA MALDICIÓN DE ADÁN Y EVA (ESTUDIO)

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PARTE 1: QUÉ SUCEDIÓ CON ADÁN Y EVA.

Génesis 2:15 a 18.
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 
 
Génesis 2:21 a 24.
Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
 
Génesis 3:1 a 6.
Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. 
 
Amén.
 
Esta es la historia de Adán y Eva en el paraíso. Adán estaba solo y Dios le dio una mujer: Eva; una sola; ¿para qué más? Todo era perfecto, vivían el uno para el otro: un sólo hombre, una sola mujer; no había competencia ni de qué preocuparse. Los celos eran cosa desconocida; no había celos, no había por qué, ni de qué desconfiar. Según los planes perfectos de Dios, la mujer debería estar al lado del hombre como ayuda idónea; esto es para ayudarlo, apoyarlo y suplirlo en todo lo que él necesitara. Dios hizo la mujer con las virtudes y capacidades necesarias para complacer al varón en todo. La mujer hecha a imagen de Dios, es perfecta. Asimismo la mujer se siente completa, feliz, respaldada y muy complacida, en el varón que Dios le ha asignado. El varón hecho a imagen de Dios, es perfecto.
 
Pero un día Eva cometió el delito grave de desobedecer la voz de su esposo, Adán, el cual  siguió los malos pasos de su esposa, y también desobedeció a Dios. Entonces todo se vino abajo; cayó la humanidad entera, y la relación del matrimonio se vio afectada por todas las generaciones hasta hoy, por causa de un hombre y su mujer que desobedecieron a Dios.
 

PARTE 2: EL DESEO Y LA CODICIA EN EL CORAZÓN.
 
Eva, la mujer, no es el personaje malo de la historia, como muchos interpretan y fácilmente la acusan; ella en su inocencia, en cuanto al pecado y la astucia de la serpiente, fue víctima del engaño y de la seducción; esto no significa que Eva sea libre de su culpa; ella es responsable de su reacción. Una cosa es la provocación y otra es la reacción; quien comenzó todo fue la serpiente, pero Eva también tiene su parte de complicidad y culpa, al dar lugar a la seducción y luego a la codicia. Lo correcto sería obedecer el mandamiento de Dios, proteger su pureza, y resistir toda tentación.
 
Luego Eva compartió lo que había descubierto con su esposo, quien también cayó en el mismo error. Aunque Adán y Eva eran inocentes y sin pecado, esto antes de la intervención de la serpiente, en ese momento resolvieron de su voluntad, desobedecer a Dios, haciendo algo que se les había prohibido. 
 
Delante del libre albedrío (esto es el poder y la libertad para elegir), resultaron no actuar tan ingénuos, sino maliciosos, a causa de la maldad que entró en sus corazones. Porque el delito no estaba en el momento de dar una mordida al fruto prohibido, sino mucho antes; porque cuando ellos llegaron a esa etapa de la acción, el pecado ya había contaminado sus vidas:
- ya habían entrado el deseo y la codicia en sus corazones;
- ya habían tomado la decisión en sus mentes; 
- ya estaban determinados de lo que querían hacer.
 
Podemos definir bien, con este ejemplo de Adán y Eva, que decir que alguien es ingenuo, no es argumento suficiente para justificarse; no se puede llamar ingenuo a alguien que ya conoce el mandamiento; alguien que ya sabe cómo son las cosas. Adán y Eva eran ingénuos en cuanto al pecado ya que nunca lo habían visto ni practicado; pero no eran nada ingénuos en cuanto a los mandamientos que Dios les había dicho. Dios había dejado órdenes claras; y ellos desobedecieron el mandamiento de Dios, por su propia voluntad. Decidieron arriesgar su pureza y la bendición de Dios, a cambio de lo que deseaban por su propia codicia; en su debilidad carnal, se dejaron seducir y manipular por satanás. 
 
En esta etapa de los hechos, cuando estamos delante de las tentaciones y de nuestros propios deseos, todos tenemos siempre dos opciones: 
- somos carnales y actuamos como necios, dando lugar a las artimañas del diablo; esto es ser faltos de entendimiento.
- o entonces nos aferramos al mandamiento bíblico, y resistimos las tentaciones del enemigo hasta la victoria; esto es tener buen entendimiento; saber identificar entre lo malo y lo bueno, y elegir lo bueno.
 
Más allá de la maldad que había entrado en los corazones de Adán y Eva, ellos no fueron los malos de la historia, sino satanás quien los engañó y contaminó; colocando en ellos malos pensamientos, y hablándoles las mismas palabras de Dios, pero presentándoles una falsa interpretación, induciéndolos al error. Este ejemplo nos enseña que, aun cuando la persona peca deliberadamente, no es ella la culpable de iniciar toda la mala historia. Entonces nuestra guerra y ataques no deben ser contra las personas que cometen el pecado, sino contra quienes están por detrás de esa caída terrible: satanás y los demonios. 
 
Porque esto dice la Santa Biblia en 1º Corintios 6:12: "Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." Amén.
 
Muchos me dirán: pero tal persona tiene un corazón muy malo. Yo les digo: Si la persona tiene un corazón malo es porque su alma está llena de tinieblas; y esto es la presencia y manipulación de demonios; cuando esta persona de corazón malo conozca la Luz de Dios y la Libertad de Cristo, ya no será malo su corazón. No luchemos contra las personas, luchemos contra las tinieblas. El que pueda actuar así, puede considerarse un verdadero guerrero de Jesucristo.
 
 
PARTE 3: HOMBRES Y MUJERES BAJO MALDICIÓN.
 
Génesis 3:16: A la mujer dijo (Dios): Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.  Amén.
 
La desobediencia de Adán y Eva, resultó en una maldición sobre sus vidas y su descendencia. Por lo que se expresa aquí, antes de la maldición, Eva no sufría la opresión de su esposo, y era libre como él en su voluntad. Tanto que decidió pecar y pecó. Esta maldición vino por la desobediencia; y la desobediencia vino por el pecado de la CODICIA, la cual le entró por el deseo de sus ojos; pues dice claramente en Génesis 3:6: que era agradable a los ojos, y codiciable. Amén.
 
Entonces fue después de la maldición que las cosas cambiaron mucho para Eva; porque Dios cambió el corazón y el carácter de Adán, quien ya no era el mismo amigo y amante de antes; ahora era un hombre autoritario, distante, egoísta y severo. ¿Cómo saber eso? Porque la maldad entró a su corazón. Es fácil hacer una comparación y sacar algunas conclusiones: basta mirar alrededor y ver cómo se comportan los hombres de naturaleza caída, aquellos que están lejos del amor de Dios.
 
Porque de la misma manera que las mujeres cargan hasta hoy la maldición de Eva, también la maldición de Adán está sobre los hombres hasta hoy. El esposo se apodera de la mujer y de su voluntad, de una manera que llega a ser desrespetuosa y muchas veces violenta. A causa de su naturaleza caída y pecaminosa, la maldad y la codicia del hombre lo llevan a desear y tener otras mujeres: él menosprecia deliberadamente el pacto de matrimonio; y se deleita amancillando con otras mujeres, entretanto que desprecia y maltrata su propia mujer. 
 
Por otro lado, también la mujer se ha vulgarizado en su naturaleza carnal caída, y no respeta su marido, ni el de las otras mujeres; desea y codicia otros hombres; vive seduciendo y dejándose seducir; buscando placeres de todo nivel, desde los más sutiles y casi imperceptibles, hasta pecados grotescos, con todo hombre que le conceda oportunidad. Estas cosas ocurren por todos lados; es lo que más ocurre: ayer, hoy, y hasta que Jesucristo vuelva. Es la tendencia natural del hombre y de la mujer sin Dios. 
 
Hebreos 13:4: Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. Amén.
 
Cuando el hombre o la mujer actúan según los deseos de su cuerpo, esto es en su carnalidad, siempre habrá intensión y lugar para el pecado. Lamentablemente, se ven pecados carnales y de adulterio dentro de las iglesias, incluso en el liderazgo; hombres y mujeres que debieran vivir en armonía, amor y santidad, se dejan llevar por sus deseos desordenados, dando lugar a la carne y al diablo; no respetan el ministerio puesto sobre sus lomos, ni tienen en cuenta el mandamiento de Dios. 
 
Esto habla de hombres y mujeres dentro de la iglesia, sin Dios en su corazón; si algún día lo tuvieron, su pecado los ha alejado de la gracia y de la bendición; están en maldición; están en el pueblo de Dios, pero son tan carnales y caídos como Adán y Eva. Y acarrean no sólo sobre sus vidas, sino también sobre sus casas, y sobre las iglesias que ministran, la misma maldición.
 
 
PARTE 4: JESUCRISTO ROMPE LA MALDICIÓN DE ADÁN Y EVA.
 
2º Pedro 2:14. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. Amén.
 
El adulterio es una acción que está relacionada con la codicia; y ésta es un estado de sensación y deseo que se desarrolla en el alma: esto es en los pensamientos, la voluntad y la decisión. La maldición de Adán y Eva están presentes en la vida de cada persona, hasta que llega la salvación de Jesucristo a sus almas. Porque con la salvación del alma, se recibe: la convicción de pecado, el arrepentimiento, el perdón, la justificación, el renuevo, la restauración, el discernimiento del bien y del mal, la santificación y los frutos del Espíritu Santo.
 
Gálatas 5:22 a 24. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Amén.
 
Cuando Jesucristo llega al corazón del hombre y al corazón de la mujer, todo cambia: ya no hay necesidad de placeres carnales desenfrenados; ya no hay necesidad de engaños; ya no hay necesidad de violencias. Porque en Jesucristo el matrimonio encuentra amor, paz y armonía; encuentra deseo y placer mútuos. En Jesucristo hay unidad, comprensión, deseo y genuíno contentamiento. 
 
Eclesiastés 4:12: Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto. Amén.
 
Este versículo simboliza la relación del matrimonio unido por Dios: un doblés, es el varón; dos dobleces, habla de la presencia de la esposa; y Jesucristo, es el tercer doblés que fortalece la relación.
 
A través de la Fe en Jesucristo recibimos el Espíritu Santo, con el cual alcanzamos la limpieza y el renuevo de nuestra mentalidad. Cuando está Jesús en el corazón, cuando se tiene la mente renovada por Cristo, ya no hay lugar para la codicia, ni los deseos desordenados. Jesucristo vino para romper la maldición de Eva, y hacer que toda mujer retome su lugar de perfecta, única y amada, al lado del hombre que Dios le ha asignado. Asimismo Jesucristo vino para romper la maldición de Adán, restaurando en el hombre el sentimiento de amor, protección y respeto hacia su mujer. 
 
1º Pedro 3:1. Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas.
 
1º Pedro 3:7. Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Amén.
 
En el Nuevo Testamento se enfatiza el amor mutuo; la fidelidad mutua; la igualdad de respeto y de derechos; la necesidad de defender la unión marital es escencial para el éxito de una vida física y espiritual sana y plena; y aun para asegurar la prosperidad y fortaleza en el ministerio. No hay bendición ni prosperidad en el ministerio, si el matrimonio está de alguna manera debilitado o dividido. No pueden dos caminar juntos, si no están de acuerdo. No atenderá Dios las oraciones de uno ni de otro, si no hay un mismo sentir y un mismo espíritu. 
 
Efesios 5:24 y 25. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.
 
Efesios 5:28. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Amén.
 
En Jesucristo, el varón no es más que la mujer: es igual. Delante de Dios el hombre y la mujer son dos mitades que forman uno solo: un solo espíritu, una sola alma, y un solo cuerpo. La mujer fue hecha a causa del varón, pero no para ser su esclava y propiedad, sino para vivir en plenitud de existencia, para que uno complemente el otro. Dios hizo el hombre y la mujer como un sólo ser. Cuando un hombre nace, ya hay una mujer definida que será la de él. Asimismo cuando nace una mujer en el mundo, ya hay un hombre esperando por ella. ¿Y si la mujer es mayor que el varón? Bien, esa mujer nació primero con un propósito, a causa del varón que va a nacer. No hay errores; todo es perfecto en el Libro de la Vida de Dios; todo ya está escrito y perfectamente ordenado, desde la fundación del mundo. Amén.

 
Este estudio continúa. Ver Adulterio parte 3.
Ver estudio anterior. Adulterio parte 1.


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ivan dario depablos beltran
que DIOS LA ciga bendiciendo por estas enseñanza son exselente CRISTO TE AMA SALUDO DESDE VENEZUELA


Keila Bonilla
Hola pastora Giselle ya me estaba preocupando cuando empece a leer el estudio, pero la verdad que es muy cierto lo que usted ha escrito. Estoy soltera aun no me he casado ni en planes pero es bueno saber que Dios ya tiene a Alguien preparado para mi. que Dios la Bendiga que la siga utilizando todos los dias aun mas. bendiciones