Grupo de Estudios Bíblicos Ministrando Liberación y Guerra Espiritual
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EVANGELISMO SIN PARADIGMAS (TESTIMONIO)

EVANGELISMO SIN PARADIGMAS (TESTIMONIO)

A veces las respuestas están escritas directamente en la Biblia; otras veces necesitamos una revelación específica de Dios por medio de su Espíritu Santo; pero también podemos recibir una directriz o aprender algo, a través de los casos y ejemplos de otros hermanos. En cuestiones de evangelismo, les contaré aquí un poco de nuestra historia; espero que los anime este testimonio.
 
Muchas veces nos han preguntado sobre lo mismo: Deseo evangelizar y siento firmemente que Dios me llama, pero no tengo para alquilar un local, ¿podré hacerlo en mi casa? Obviamente que la respuesta es diferente según cada caso. Muchos siervos que hoy leen esta nota, podrían dar testimonios parecidos, o completamente diferentes. Lo mejor cuando alguien se dispone a trabajar para Dios, es hacer las cosas como él dice y como él quiere. 
 
En cuanto a la iglesia o reuniones, Gabriel y yo nunca tuvimos un lugar propio para agrupar las personas. Trabajamos durante años desde que éramos amigos y solteros, evangelizando en barrios, y colaborando en campañas de la iglesia, o campañas de evangelistas que visitaban la ciudad. 
 
Después de casados, siempre que tratábamos de hacer algo en nuestra propia casa, el Espíritu Santo no prosperaba la idea y todo se terminaba rápido. ¿Por qué? Primeramente porque lo hacíamos por nuestra propia decisión, y no por decisión del Espíritu Santo; segundo, Dios tenía otros planes para nuestra vida como siervos suyos.
 
El deseo de hacer reuniones para poder enseñar a las personas, era algo latente que no podíamos evadir ni pasar por alto; pero Dios no nos permitía. ¿Entonces cómo hacerlo?
 
Los primeros cuatro años de casados era muy escasa nuestra situación económica. En muchas ocasiones no eran lugares adecuados, porque nuestras primeras moradas luego de casados eran siempre lugares compartidos, o subalquilados, o pensiones. Por varios motivos personales era difícil tener disponibilidad para atender las personas. El poco dinero que ganábamos también no era suficiente para planificar ningún gasto más allá de nuestras deudas de cada mes.
 
Cuando mejoró el trabajo y tuvimos condiciones de alquilar una casa entera sólo para nosotros, estábamos muy felices. ¡Ahora sí, vamos a hacer nuestras propias reuniones!, pensamos ambos. Tampoco funcionó, pero ahora los motivos eran diferentes:
 
nº 1- Hacer reuniones en casa nos quitaba completamente la privacidad y el tiempo que a veces necesitábamos para descansar; porque trabajábamos ambos más de 15 horas diarias, incluso sábados y domingos a veces. Siempre había alguien golpeando a la puerta; los atendíamos a todos con mucho amor y paciencia, pero absolutamente no teníamos vida propia ni descanso jamás; estábamos agotados y no rendíamos ni con el trabajo secular, ni con la obra. 
 
nº 2- También comprobamos que la música, las oraciones, los quebrantos y gritos de los que asistían, eran una constante molestia para los vecinos y un buen argumento para satanás, de difamarnos y murmurar en contra nuestra. Obviamente los que hablaban mal de nosotros como vecinos o cristianos, tratando de ridiculizarnos, no sabían lo que decían: no nos conocían personalmente, ni jamás fueron a una reunión siquiera, para ver lo que acontecía. Esto nos estorbaba bastante a la hora de predicar en nuestro propio barrio; ya que nadie o casi nadie, quería ir a las reuniones por no quedar mal visto por los demás vecinos. 
 
En fin, si no podemos dar buen testimonio (aunque sean puras mentiras lo que hablan), absolutamente no podemos evangelizar. Además era necesario tener un lugar de refugio, nuestro lugar de refrigerio y descanso. Se cumplía la Palabra que dice: nadie es profeta en su tierra. 
 
Intentábamos estar en comunión con alguna iglesia que pudiéramos congregarnos y hasta recibir cobertura. Absolutamente rebotábamos como si fuéramos de goma. No podíamos compartir las visiones de otros pastores; no podíamos tolerar el materialismo y la falsa doctrina; cada pastor que conocíamos trataba de absorbernos como obreros de su iglesia y anularnos en nuestra visión. Además, aunque quisiéramos que las cosas funcionaran, no había forma de establecernos: Dios nos trasladaba muchas veces de lugar; no teníamos morada fija y nos mudábamos hasta tres veces al año, siempre a lugares distantes uno del otro. 
 
No nos resignamos. Empezamos a buscar con más fervor una respuesta de Dios. Las dificultades personales y de todo tipo que pasamos en esos cuatro años, eran tremendas e interminables; vivíamos una montaña rusa de problemas. Parecía a veces que Dios mismo se había propuesto destruirnos; muchas veces nos sentimos desamparados, cruzando grandes valles de sombras y de muerte. Nuestra fe estaba siendo probada y refinada con mucho fuego.
 
Al final, todo tenía un propósito divino: moldear nuestro corazón para cumplir la visión y el llamado de Dios. Gabriel y yo tuvimos ambos una infancia y juventud bastante cómoda con nuestras familias; entonces Dios necesitaba quebrantar radicalmente nuestro ego y nuestro interior; hacer de nosotros un nuevo matrimonio; completamente moldeado para sus propósitos. 
 
Analizando y meditando sobre lo que estábamos haciendo, comprendimos que seguíamos actuando a nuestra manera; o sea según nos habían enseñado en las iglesias que nos habíamos criado: estábamos aprisionados en el legalismo y en la metodología. Pero ya no estábamos en las iglesias; Dios nos había apartado y ahora teníamos que soltar los paradigmas de nuestra mente y de las doctrinas. Dios tenía preparados nuevos caminos y estrategias nuevas.
 
Lo que siempre resultó, antes y después de casados, fue hacer reuniones en la casa de las personas; reuniones de hogar como lo hacía el apóstol Pablo. Y este método fue aprobado y respaldado por Dios siempre, al menos en nuestro caso; recibíamos constantemente directrices del Espíritu Santo en sueños y visiones, de cuáles barrios visitar para ir a hacer una nueva obra; o cuáles personas teníamos que visitar para que éstas abrieran las puertas de su casa para hacer las reuniones. En ambos casos las respuestas eran muy positivas, y los resultados admirables. Teníamos contentamiento y gozo en el Señor.
 
Así lo hicimos y en eso nos enfocamos. Tanto para las reuniones de adultos, de jóvenes, de músicos, de mujeres, como los merenderos, las clases de niños, todo se hacía siempre en hogares que las personas cedían sus piezas o garajes. Es importante destacar, por motivos de orden espiritual, que el dueño y la dueña de la casa siempre debían estar de acuerdo. 
 
Otras estrategias. Cuando había interés de alguna persona o grupo, pero no podíamos en su casa porque no aprobaban los demás familiares, y para no llevarlos a nuestra casa, hacíamos citas en un lugar público: parques, plazas, algún césped de un espacio bastante abierto; siempre algún lugar neutral donde sabíamos que no íbamos a molestar a nadie ni ser molestados.
 
Cuando salíamos a lugares públicos, no usábamos nada de carteles ni megáfonos. No eran campañas; eran citas con personas específicas. Simplemente nos reuníamos en el parque, y allí nos sentábamos con quienes fuesen: a veces personas adultas, a veces jóvenes y niños; y teníamos nuestro tiempo de hablar de las cosas de Dios, leer la Biblia, orar por la persona discretamente, para no llamar la atención del público y no avergonzar a quien estábamos orando. 
 
Cuando había oportunidad, a alguien que se acercaba por curiosidad le invitábamos a escuchar la charla y participar; eran experiencias realmente edificantes y hermosas. De esas personas que nos escuchaban al aire libre, terminábamos reuniéndonos en casa de alguna de ellas. Cuando estás trabajando en lugares públicos, hay que tener cuidado con los ladrones y respeto con la policía. Si hay gracia y oportunidad de parte de Dios para predicarles a ellos, maravilloso; sino, actuar con mucho cuidado y mucho respeto.

Con un matrimonio y otras dos hermanas, llegamos a trabajar casi un año en una casa que estaba siendo construida y luego fue abandonada; quedaban sólo las paredes y un poco de techo: ni suelo, ni puertas, ni ventanas. Indagamos con los vecinos de ese barrio quien sería el dueño y pedimos permiso para reunirnos allí, para no estar debajo de un árbol, ya que se venía el invierno; y nos dieron permiso. No había nada allí; sólo era un lugar donde refugiarse del frio. Cada uno llevaba su silla o algo donde sentarse, y cuando llovía mucho unos vecinos habían acondicionado una cortina gruesa para la puerta, para defender del viento.
 
RESUMEN. Nunca tuvimos dinero para estar alquilando locales especiales para reuniones, aunque ganas no faltaron jamás; porque nuestra renta apenas daba para nuestro propio alquiler y sustento; y lo más fuerte del tema, es que nos dedicábamos a barrios marginados y muy pobres, de tal manera que era más lo que dábamos que lo que recibíamos. Jamás levantamos ofrendas, nos avergonzaba tener que hacerlo; algunas personas daban de su corazón lo que podían, con mucho amor hacían esfuerzos para colaborar; Dios las tocaba. Ni mucho menos pedir diezmos; no queríamos imponer un peso a nadie; pero dábamos todo lo que estaba a nuestro alcance. Pero esto es don de Dios. 
 
Éramos felices en lo poco, y hoy somos felices en lo mucho. Nuestra condición social y económica ha mejorado pero nada de excesos ni comodidades extras; vivimos mi esposo y yo sencillamente (no tenemos hijos), en humildad y con lo necesario. Jehová es nuestro Pastor; nada nos falta. Nos sentimos muy recompensados y engrandecidos en el ministerio, que fue donde más sembramos: en las almas y en los corazones. 
 
Hasta hoy, todo lo que podemos lo invertimos en el ministerio de Undecimahora en Internet, el cual es una continuación de Undecimahora en los Hogares, y Undecimahora en los Barrios; y Dios sigue dando el crecimiento haciendo de nosotros Undecimahora en las Naciones.  
 
No sé si algún día llegaremos con Undecimahora en las Galaxias, ¡¡¡¡pero si Dios lo dice, hasta me animaría!!!! jajajajajajaaa!!! Gloria a Dios. 
 
A aquellos que desean evangelizar, y que Dios ha puesto un querer en su corazón, pero no están seguros de hacerlo porque piensan que tienen pocos recursos, les digo:
 
Hagan como Dios les guíe y permita. Sean mansos pero también sean astutos. No hagan nada que no estén de acuerdo. Ni nada que les cause problemas. (Porque una cosa son las pruebas, y otra meterse en problemas.) Y el Dios de Paz estará con ustedes siempre.
 
Saludos y bendiciones en Cristo, de Pastora Giselle Gonçalves Correa.
 
Mateo 18:20.
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos. 

Amén.
 
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Tarea para los nuevos evangelistas:
 
- Leer los pasajes a seguir, en la Biblia (escudriñar).
- Tomarse tiempo con Dios para esto (oración). 
- Estudiarlos detenidamente (meditación, interpretación).
- Dios los sorprenderá aun más (visión, revelación).
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Mateo
10:7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 
10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia. 
10:9 No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 
10:10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento. 
10:11 Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis. 
10:12 Y al entrar en la casa, saludadla. 
10:13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. 
10:14 Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies. 
 
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Marcos
6:1 Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos. 
6:2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 
6:3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 
6:4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 
6:5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 
6:6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando. 
6:7 Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. 
6:8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 
6:9 sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 
6:10 Y les dijo: Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. 
6:11 Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad. 
6:12 Y saliendo, predicaban que los hombres se arrepintiesen. 
6:13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban. 
 
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Lucas
9:1 Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades. 
9:2 Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos. 
9:3 Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. 
9:4 Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid. 
9:5 Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. 
9:6 Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes. 

Giselle Gonçalves Correa
El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón. Bendiciones!!


Giselle Gonçalves Correa
Para Dios no hay nada imposible!!!! Y para el que cree, todo es posible!!!!


Gabriel Gonzalez Arias
Amen, doy fe de cada palabra de este testimonio. La obra es de Dios y nosotros sus escogidos, cuando Dios nos llama Él sabe lo que quiere y como lo quiere. Nosotros debemos ser consientes de esto y todo saldrá bien. No digo que no lleguen momentos donde las cosas se pongan difíciles, pero si nos mantenemos confiados en aquel que no llamo a su obra, entonces podemos prevalecer! Lo más importante es tener la PLENA SEGURIDAD que Dios nos ha encomendado una determinada tarea, ya que hay momentos en que lo único que nos sustenta y ampara es la seguridad de ese llamado al cual un día respondimos heme aquí !! Bendiciones!